Un día que es un día de trabajo, un día que empieza temprano, te levantas y te bañas. Limpias tu cuerpo como lo haces cada día, con el método predilecto de la ducha abierta. Te vistes, te vistes como empleado, con el uniforme en su puesto, las medias pares del mismo color para no herir susceptibilidades, aunque un par de medias de diferente color en cada pie basta para cumplir con la norma de las medias del buen ciudadano, pero no, tu eres mejor que buen ciudadano y te pones las medias iguales, tal como las empacan en las empresas textileras.

 Luego vas a la oficina que es en tu misma morada, a solo unos pasos luego de haberte vestido. Tomas café, sirves café, que no lo haces porque alguien más lo hace, lo tomas, enciendes la computadora. 

Luego vas a la primera reunión laboral en la que se recuerdan acuerdos que dicen que eres trabajador, porque no es suficiente con el uniforme o las medias iguales, debes saber que estás en el trabajo y te lo recuerdan porque hay acuerdos contractuales.

 Estás durante ocho minutos recordando que eres empleado y que debes cumplir con lo que dice el contrato que debes cumplir, luego vas a la oficina nuevamente, la computadora ya está encendida, la habías encendido cuando fuiste por café, te sientas, ves la página del correo electrónico: no te han escrito nada nuevo, no tienes notificaciones en las redes sociales a las que perteneces que te mencionen o digan expresamente que te recuerdan y te aman, solo tienes la consciencia de ser un trabajador, un buen empleado que ha cumplido al menos con el horario laboral. 

Llamas a casa, porque estás lejos de tu hogar y te dicen que el gato negro ha escapado en la noche y no saben de su paradero. No te preocupas porque un gato es un gato, así como vos sos empleado y el gato regresará a casa. 

Estás en la pantalla y entonces empiezas a escribir que es un día, un día de trabajo y dices de tu vida, aunque la vida que estás llevando es solo una ficción de la vida que supone que estás viviendo porque estás escribiendo para dar cuenta de escribir del trabajo porque en la oficina que compartes con otras cuatro personas todos están escribiendo y en sus teclados pasan las palabras de los informes de sus labores y tu estás escribiendo acerca de las medias que usas y dices que ahora usas medias del mismo color en los dos pies. Entonces te dices que estás actuando que estás trabajando, mientras crees que los demás están trabajando, porque piensas que acaso todos están escribiendo de sus gatos, de sus hijos, de las medias, de sus compras, de sus deseos, de sus hogares que son hogares lejanos, porque todos en la oficina son ausentes, están lejos de los suyos, están lejos de sus amados porque saben que tienen que cumplir sus deseos, suplir sus necesidades con la ausencia mientras sus bebés crecen lejos aprendiendo a decir palabras y vulgaridades mientras sus padres a tu lado, en esta oficina hacen videollamadas haciendo morisquetas a las pantallas. 

Entonces te solicitan un informe y nuevamente te das por enterado de ser un trabajador y cierras la página en la que escribes de tus medias, del trabajo, de actuar que trabajas, de hablar de tus compañeros para decir que sí, tienes el informe, tienes el reporte.

Son las ocho de la mañana y empiezas a trabajar.

Un trabajador

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